lunes, 15 de junio de 2009

Esas son chingaderas

Es una pena lo que ocurrió el domingo en el Autódromo de Puebla, cada hombre y mujer que se sube a un auto de carreras sabe que se arriesga a esto, sin embargo, hay algunos puntos completamente reprobables en lo que sucedió.

Si bien el contacto de Jorge Goeters fue el que hizo perder el control a Carlos Pardo, esta es una práctica muy común y corriente en este serial, vamos, podría asegurar sin temor a equivocarme que de eso se tratan estas pinches carreritas, así que Goeters sólo hizo una carrera más sin culpa alguna.

Lo que es una completa estupidez y falta al sentido común es que haya una contención de ese tipo en la parte interna de la pista, carajo, los autódromos mexicanos están más hechos a la fuerza que otra cosa. Por si el hecho de una contención tan mal puesta no fuera poco, ésta tenía las mismas medidas de seguridad que una ballesta cargada en una guardería. Este muro de concreto estaba cubierto por sólo un tambo de agua, no había llantas, más botes, nada, el trazado a la fuerza de ese óvalo tuvo mucho que ver en la muerte del piloto.

La jaula de seguridad sirvió para lo mismo que habría valido un conjunto de popótes más o menos bien afianzados. El auto se destrozó, muchos podrán argumentar que a esas velocidades (180 km/h aprox.) no hay vehículo que resista, perdón, pero NASCAR se debe asegurar de que los vehículos cumplan ciertas normas de seguridad sino veríamos más muertes en los seriales gringos que en un capitulo de los Happy Tree Friends. Tan sólo en la pista de Talladega en Nationwide han ocurrido accidentes a más de 300 km/h, el auto ha volado y se ha estrellado contra la contención a dos metros de altura para después caer y girar y girar por algunos metros, el auto al parecer queda deshecho, sin forma ni motor, pero la jaula de seguridad queda intacta y el piloto a pesar de presentar lesiones, sigue con vida.

Tardaron más de 12 minutos en sacar a Carlos del auto, esto simplemente no tiene madre.

En conclusión, esta no es una muerte que se deba a la falta de pericia, ni a los contactos entre pilotos que traen pique, se trata simplemente de un fallecimiento obrado por la ineptitud de algunos y sobretodo de esas personas que hacen las cosas “a la mexicana”.

Si hay un culpable es usted querido aficionado a Nascar, que no exige la retribución justa por el boleto que paga, seguiremos siendo público de segunda que ve morir a sus pilotos en la pista.

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