lunes, 9 de noviembre de 2009

Una noche, esta noche, la noche.

Es como tener la garganta reseca, los pies fríos y las ganas menguadas. No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí algo que me hiciera feliz, tengo que recuperar las ganas de plasmar mis pensamientos en un documento, seguir adelante con mis pasiones.

Hace un par de semanas tomé un bajo e hice un poco de ruido con los Guajazos, fue poco en realidad pero volví a sentir ese calor, el que sube por el estómago y hace que tus neuronas empiecen a burbujear en la cabeza, hay que retomar. En realidad, mi vida en este momento es feliz en términos generales, nada del otro mundo, me costó mucho trabajo volver al barco y en eso estoy.

Es necesario volver a lo básico a eso que me hacía soñar cada noche a eso que si bien recuerdo me hacía aguantar la semana para llegar al fin y explotar en un gozo pocas veces experimentado en la vida. Basta de quejarse de la vida que se tiene. Basta de la inconformidad que no lleva a sitio alguno. Es hora de volverse a enamorar.

Enamorarse de nuevo de las letras, de cada palabra lograda con el mínimo de esfuerzo y el máximo de corazón. El trabajo me robó eso y es hora de buscarlo de vuelta de reencontrarme con aquel al que le encantaba decantar palabras al por mayor.

Un texto cada dos meses, eso es lo que disfruto ahora y no puedo seguir así, debo retomar viejos textos que dejé en el olvido y que gritan dentro de mi cabeza cada noche para que los reinicie, para que los acaricie de nuevo.

Es hora.

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