Poco después de su infamia, aquel que no puede ser nombrado, vio su fin a manos de sus propios amos. Después de ser torturado fue lanzado al vacío como una advertencia para todo aquél que intente detener los esfuerzos por crear la nueva raza.
El grotesco cadáver de Al-zahaera se hundió gracias a una enorme cadena con el peso de 5 montañas con la siguiente inscripción: Por mi mano se ha de dar inicio y el fin llegará de la misma forma.
Al parecer han pasado eternidades desde la caída del sabueso y justo ahora viene el fin.”
Esta es la interpretación de un montón de jeroglíficos tallados en un monolito de piedra que data del año 380 a.C., descubierto en el fondo del mar en algún sitio al este de las Bahamas.
Lo quiero y lo quiero ¡ya!
Viene con sus víctimas y toda la cosa ¿no se lo comen?


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