Despierto y se que aun falta mucho trecho por recorrer, hay múltiples agravantes, el frío ha mellado mi entendimiento y mis ganas, a estas alturas extraño los rayos de luz abrazando mi cuerpo pero debo seguir, si desfallezco ahora no podré llegar al final del túnel.
La búsqueda se convirtió en un acto de supervivencia y es sólo en estos momentos en los que te das cuenta que tan útil es todo aquello que llevas en el bolsillo, sin unos cerillos puedes darte por muerto, sin un clip puedes simplemente morir de una infección, por supuesto que hay más, hay mucho más.
Debo seguir en línea recta aunque no vea una razón. Los constantes descansos en la cueva, me obligan a detener la marcha y reflexionar, es una constante necesaria, ya que si trato de salir en un solo respiro pueden existir consecuencias como la claustrofobia y la agorafobia, debo acostumbrarme al medio y hacerlo mío.
Ahora valdría la pena preguntarle a Alice si en verdad quiere ver qué tan profundo es el túnel del conejo. El cansancio me obliga a parar una vez más, en esta ocasión hay que desentrañar la incógnita ¿por qué el final es en donde partí?
jueves, 26 de febrero de 2009
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